Nos sentábamos sobre la reja que delimitaba el parque del resto de la ciudad y hablábamos mirando hacia el frente, como devolviéndole la mirada a un punto en medio del cielo que nos observaba allá lejos.
Recuerdo algunas ideas sueltas que pasaron por mi cabeza en medio de un remolino surrealista: caballitos, una playa con piedritas de colores, esa película en su idioma original, edificios que pueden verse solo en la oscuridad, puertas pequeñitas, sillas altas, conos de helado que parecen derretirse a la velocidad de la luz; sentirme ligera, como que no dejo de tocar el piso pero floto.
¿Qué tan genuino es un sueño que se hizo realidad antes de que me atreviera siquiera a soñarlo?
Antonio López García, "Madrid visto desde el Cerro del Tío Pío", 1962-63
1 valientes comentaron:
ah que bien... es la primera persona que se le cumplen los suenos sin haberlos soñado todavia jeje... felicidades...
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