Soñé que jugaba tenis. Que alguien me anotaba para un torneo y llegaba a la final sin jugar ni un solo partido. El nudo de mi sueño se apretó en cuanto me informaban que había que jugar la final enfrente de un mundo de gente, con mi condición física real (no la del sueño), y contra una contrincante que más que tenista parecía luchadora grecorromana.
Yo, en el sueño, podría jugar la final y hacer como que aguantaba, como que sabía lo que hacía, como que no tenía ni un gramo de miedo, para terminar el partido dignamente sin caer.
Por un momento me pasó por la cabeza (la cabeza del sueño), fingir una lesión y así habría razón (aunque falsa y patética) para decir "no se pudo más, estas cosas pasan".
Pero ahí prendida discretamente en la esquina de toda la trama, apenas con un alfiler, quedaba una idea. La de que sucediera el milagro, la de ganar. Ganar el torneo, sorprenderlos a todos y a mí misma, jugar como nunca (porque lo he hecho poco en el sueño y en la realidad) y no perder como siempre. Ganar también como nunca.

1 valientes comentaron:
Quizás en tu sueño habrías perdido. En la realidad, seguro que ganabas.
Saludo grande y esponjoso.
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